El Cabaco: Historía y Patrimonio

Nos tomamos la licencia de hablar de El CABACO, pueblo en el que, en el devenir de nuestra vida, estamos echando raíces. No tratamos de “enseñar el sol con una linterna”, solo que al ir descubriendo donde estamos no nos podemos resistir a valorar lo que poco a poco hemos ido aprendiendo,……… EL CABACO TIENE MUCHA HISTORIA Y PATRIMONIO, que a la vez está compuesta por otras muchas historias, más o menos ciertas, más o menos místicas, algunas leyendas, otras “académicas”, etc. que dan a El CABACO un lugar en la historia de las historias. Para empezar, el propio nombre del pueblo, El CABACO, parece tener su origen en una acepción prosódica de CAVADO, forma romance del latín CAVATUS, que significa, sitio donde se han hecho excavaciones. La idea de cavado y de las excavaciones está implícita igualmente en los nombres de LAS CAVENES, que es como se designan a las grandes zanjas, existentes en su término y del arroyo Cavaquillo, y del río CAVIN, con "uve" como escribían los antiguos, en cuya vera se construyó el pueblo. El Padre Cesar Morán, sugirió la existencia de algún castro vetton tales como La Corona, Castro Mirón, etc. (aunque no hay evidencias) y varios asentamientos romanos para explotar los yacimientos de oro en el sitio denominado las CAVENES. Parece que todo empezó en el Siglo I de nuestra era, en el asentamiento romano Fuente de Mora, cuando los antiguos pobladores explotaron LAS CAVENES (Bien de Interés Cultural como Zona Arqueológica. 2006), que fueron y son el resultado de las labores mineras romanas para extraer el oro. El sistema minero utilizado, conocido como “Surcos convergentes” consistía en el lavado sistemático y exhaustivo del oro, mediante la erosión del agua, que era arrojada en tromba a los pies de la Peña de Francia, disponiendo al efecto de toda una red hidráulica de una extensión aproximada de 14 km2. A través de una serie de canales emisarios o de explotación (Emissaria), el agua arrastraba el conglomerado a través de una serie de surcos, previamente excavados, hasta converger en un canal de lavado (Agoga), donde quedaría depositado el oro. Las huellas se pierden en el tiempo y parece ser que El CABACO nació “oficialmente”, en el Altozano, en el siglo XII cuando al Conde Raimundo de Borgoña, por encargo de su suegro el Rey Alfonso VI, se le encomendó la tarea de repoblar esta zona de la provincia de Salamanca, vacía desde que se produjo en el siglo VIII, la invasión de la Península por los Árabes. Pasamos al siglo XV y según cuenta la leyenda, en 1424 una moza de Sequeros anuncia el descubrimiento de una virgen en las montañas por alguien de lejanas tierras. Simón Rolan (conocido como Simón Vela), francés de procedencia, siente la “llamada” y comienza su búsqueda, y por los años del 1434, tras nueve años de búsqueda, la encuentra en la que hoy conocemos como Peña de Francia (también cuentan que esta montaña ya era sagrada para el pueblo vetton, tal vez la tan buscada Lancia Oppidana). Comenzó la construcción, que tras sucesivas obras, y suponemos grandes esfuerzos, dieron lugar al SANTURARIO DE LA PEÑA DE FRANCIA (Monumento Histórico – Artístico. 1956), compuesto por Iglesia, Hospedería, Capillas, Plaza y varios miradores. En medio de la plaza, como señal de exención jurisdiccional, concedida casi desde su fundación y confirmada por Carlos I, se yergue el ROLLO DE JUSTICA (Bien de Interés Cultural como Monumento Artístico. 1965), en los que se aprecia los escudos del Reino, de la Virgen, de los Dominicos y la figura de un ajusticiado, con los que se realza “unión” de la justicia divina y terrenal. Un poco más tarde, en 1445, se inicia la construcción del MONASTERIO DE PORTA COELI (Bien de Interés Cultural como Monumento Artístico. 1995) tras la cesión del Mariscal Gomez de Benavides de la finca de El Zarzoso a la orden de las franciscanas, que aun hoy habitan. Saltamos al Siglo XX, a la década de los cuarenta, cuando en el mundo tronaba la guerra, El CABACO, a su manera y salvando “las distancias”, participó en la Segunda Guerra Mundial ya que el descubrimiento de las vetas de “wólfram” por aquellos años, supuso, aparte del auge económico y social, participar de la contienda ya que dicho mineral era estratégico para los alemanes. Esto desencadenó negociaciones y presiones entre los gobiernos, la subida de los precios que, derivaron en el auge minero pero también en la picaresca, el contrabando,… y más historias, con minúsculas, de anécdotas todavía hoy recordadas y contadas. Según avanzaban las explotaciones, se abrían nuevas minas, bautizadas con curiosos nombres, la mina de la Amistad, Cuesta Calera, Prado Carretero, Zarzosillo, Tarayuela, la Rebolá, El minero, el Jurdano, Fuente Cintao, Prado Carretero, Peñas del Mosquil, Cuatro Amigos, Cecilia, Morenita, Comunal, San Jaime, Porta Coeli, Blanquita, Esperanza, Teresita, La Sorpresa, Pilarín II, Catalina, Natividad, Reunión, Dos Amigos, San Miguel, San José, Maria del Carmen, Isabela, Agustinita, Rogabí, Resurrección, Cuatro Hermanos, Los Remedios,… En los años noventa se acometieron diferentes iniciativas para salvaguardar el patrimonio minero, por un lado se puso en valor el yacimiento arqueologico de LAS CAVENES, con la señalización de una ruta y la construcción del Centro de Interpretación, y por otro lado, se sellaron las catas de wolframio para evitar posibles accidentes dejando descubiertas dos pequeñas catas de la mina de la Tarayuela. El cambio de milenio, le han valido para, con otras poblaciones, incorporarse al Parque Natural Las Batuecas – Sierra de Francia y a la Reserva de la Biosfera de la Sierra de Béjar y Francia, titulo otorgado por la UNESCO Nos dejamos muchas cosas como el puente viejo (“romano” dicen algunos, aunque posiblemente sea medieval), la iglesia, la plaza, la alhóndiga, las setas u hongos, y alguna más relajante, como “la dehesa” sitio inmejorable para pasar buenos ratos y disfrutar de los amigos y amigas. De las fiestas, (de los mozos, la emperrá, las de San Juan -a punto de celebrarse-, etc.)…….…… no es necesario hablar porque estas no se cuentan se DISFRUTAN.

0 comentarios: